La espectacular victoria de Michael Morales en el UFC 322 no se tradujo en una pelea por el título inmediata, pero sí en algo quizás más valioso: la llave maestra para acceder a ella. Contrario a lo que podría parecer, la posible eliminatoria que la UFC planearía para el invicto ecuatoriano no es un freno, sino una prueba para poder llegar al lugar más alto de su carrera, por lo menos en esta división. Su presunto rival: el letal brasileño Carlos Prates, en un duelo que promete incendiar la división wélter y definir al próximo hombre en desafiar al campeón.
La estrategia de Dana White, principal cabeza de la organización, es clara y tiene precedentes de éxito. Antes de lanzar a un peleador a una pelea por el cetazo, la UFC busca maximizar su perfil y eliminar cualquier duda. Con Makhachev como nuevo monarca, la empresa no quiere un retador, quiere el retador. Una victoria contundente de Morales sobre un rival de la talla de Prates, quien viene de vencer al #4 del ranking, lo convertiría en un aspirante con una base de fanáticos expandida y un argumento irrefutable.
Lejos de ser una mala noticia, enfrentar a Carlos Prates es una declaración de intenciones. No es un peleador cualquiera, pues Prates es un specialista en striking con un nivel técnico considerado de los mejores del mundo; Viene de una victoria contundente en la misma cartelera, lo que mantiene la inercia mediática y, además de esto, cuenta con resistencia y frialdad. Mezcla contundente que lo convierten en la prueba perfecta para el poder y la juventud de Morales.