Colombia dio un paso significativo en materia de conservación al descartar la caza comercial del chigüiro, una de las especies más emblemáticas de los llanos orientales. Esta decisión, anunciada por el Ministerio de Ambiente, ha sido celebrada por expertos y organizaciones ambientales que ven en ella un avance hacia la gestión sostenible de la biodiversidad y el bienestar animal.
En diálogo con Kienyke.com, Mateo Córdoba, coordinador de Transición Ecológica de la Corporación Vivamos Humanos, explicó que esta determinación refleja una madurez en la manera como el país asume la conservación:
“Hay decisiones técnicas y científicas del sector ambiental que pueden estar alineadas con principios de bienestar animal. No todo en la naturaleza tiene que convertirse en una mercancía. Cuando vemos que una especie repunta en sus poblaciones y sale de un nivel de riesgo, eso puede celebrarse sin necesidad de traducirlo en utilidad económica”, afirmó Córdoba.
El papel ecológico del chigüiro
El chigüiro, conocido también como capibara, es considerado una especie sombrilla en los ecosistemas de la Orinoquía. Su presencia genera un efecto de protección en cadena sobre otras especies y hábitats:
Se alimenta de vegetación acuática y terrestre, ayudando a mantener limpios los cuerpos de agua dulce. Cumple una función fundamental en la cadena trófica al servir de presa para depredadores como el jaguar, la anaconda y diversas aves carroñeras. Su abundancia contribuye a la estabilidad de los ecosistemas de sabana y humedales.
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“Son un engranaje que mantiene el movimiento de la maquinita. Si ese engranaje se detiene, muchas otras piezas se desajustan”, señaló Córdoba, advirtiendo que una presión excesiva sobre la especie podría desencadenar conflictos entre depredadores y ganaderos, al buscar estos animales nuevas presas como vacas o cerdos.