A poco más de un año de terminar su mandato, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, encara uno de los mayores desafíos históricos del país: la anhelada "paz total". Esta política insignia de su gobierno, planteada como una solución integral a más de medio siglo de conflicto armado, enfrenta hoy obstáculos estructurales y estratégicos que amenazan con dejarla inconclusa.
Desde su llegada al poder en agosto de 2022, Petro —el primer presidente de izquierda en la historia del país— hizo de la paz total un eje central de su programa. La iniciativa contemplaba negociaciones con guerrillas, sometimiento judicial para bandas criminales y la desarticulación de redes armadas ilegales. Sin embargo, el proceso ha sido más accidentado de lo previsto, especialmente en el diálogo con el Ejército de Liberación Nacional (ELN).
En una reciente entrevista con la agencia EFE, el mandatario fue contundente: el ELN "se ha vinculado al narcotráfico" y eso "lo inhabilita para entender la necesidad de la paz y las transformaciones sociales económicas". Petro considera que este grupo armado, surgido de la insurgencia revolucionaria, ha evolucionado hacia una estructura delictiva ligada al narcotráfico internacional, una "transformación traqueta" en palabras del presidente.
"El ELN es como una bisagra", afirma Petro. "Nació en la insurgencia, pero por terquedad mantiene las armas cuando ya todo el movimiento guerrillero colombiano las había dejado". La ruptura de confianza entre el Gobierno y el ELN empezó a gestarse a finales de 2023, tras más de un año de intentos de diálogo. Hoy, el proceso se encuentra estancado y el futuro de esa mesa de negociación es incierto.
Un país aún atrapado entre actores armados
Tras el histórico Acuerdo de Paz con las FARC en 2016, Colombia vivió una tregua esperanzadora. Sin embargo, la falta de implementación efectiva y la inacción estatal para ocupar los territorios abandonados por la exguerrilla permitieron la proliferación de nuevos grupos armados y estructuras criminales. Durante el gobierno de Iván Duque, la violencia se recrudeció y sentó las bases de un conflicto fragmentado, más complejo de resolver.
Petro llegó al poder con la promesa de abordar ese nuevo mapa de violencia desde una mirada estructural. Ofreció sometimiento a la justicia a organizaciones criminales, pactos humanitarios y una transformación social profunda. No obstante, las resistencias políticas y las dinámicas del conflicto han limitado su alcance.