La decisión del Gobierno Nacional de modificar la estructura tributaria de productos como licores, vinos y tabaco abrió un nuevo frente de tensión con los mandatarios regionales. Las medidas, adoptadas mediante el Decreto Legislativo 1474 de 2025 en el marco de la emergencia económica y social decretada en diciembre de 2025, buscan fortalecer las finanzas del nivel central, pero han generado un fuerte rechazo en los departamentos.
De acuerdo con el Ejecutivo, los ajustes permitirían recaudar más de 11 billones de pesos adicionales, recursos que serán destinados a cubrir gastos del Presupuesto General de la Nación. Sin embargo, gobernadores y representantes del sector productivo advierten que la reforma podría tener consecuencias negativas para el recaudo territorial, el empleo y la salud pública.
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Incrementos que golpean el bolsillo
Uno de los cambios más polémicos es el aumento del Impuesto al Valor Agregado (IVA) aplicado a licores, vinos y aperitivos, que pasó del 5 % al 19 %. Hasta ahora, ese 5 % se transfería directamente a las gobernaciones como una fuente clave de ingresos propios. Con la nueva normativa, el porcentaje adicional será administrado por el Gobierno central, lo que, según los mandatarios, debilita la autonomía fiscal de las regiones.
El impacto en los precios será inmediato. Un ejemplo claro es el de los cigarrillos: si antes una cajetilla de 20 unidades pagaba 4.068 pesos en impuestos, con la reforma ese valor podría ascender a 11.200 pesos. En el caso de los licores, una botella de aguardiente de 750 mililitros que actualmente se comercializa en cerca de 50.000 pesos pasaría a costar alrededor de 63.000 pesos.
La norma también incluyó el cobro de IVA a las operaciones de juegos de suerte y azar realizadas exclusivamente por internet, una actividad que hasta ahora no estaba gravada con este impuesto.
Temor por la caída del recaudo regional
Para los gobernadores, la principal preocupación radica en que los impuestos al consumo de licores han sido históricamente un pilar de la financiación departamental. Con esos recursos se sostienen programas de salud, educación y deporte, por lo que cualquier disminución tendría efectos directos en la prestación de servicios públicos.