El tema volvió a la agenda esta semana por una razón concreta: el presidente Gabriel Boric anunció que Chile presentará a Michelle Bachelet como candidata a la Secretaría General de la ONU. Ese movimiento, hecho en un escenario político de alto nivel como la Asamblea General, reactivó una pregunta que suele permanecer en segundo plano hasta que hay un nombre sobre la mesa: quién podría reemplazar a António Guterres cuando termine su segundo mandato y se abra el relevo que comenzará el 1 de enero de 2027.
¿Por qué un anuncio cambia la conversación?
En este proceso, los nombres no avanzan por “rumor” o por popularidad mediática, sino por una condición básica: las candidaturas deben presentarse a través de Estados miembros, es decir, países. Por eso, la diferencia entre un perfil mencionado en análisis y un nombre oficialmente respaldado por un país es decisiva. Con el anuncio chileno, Bachelet pasa a un carril formal. A partir de ahí, cualquier debate sobre “quién estará en el puesto” se vuelve más operativo: se trata de apoyos, vetos y calendarios, no sólo de especulación.
Reglas del juego: el Consejo filtra, la Asamblea nombra
La Carta de las Naciones Unidas establece que el secretario general es nombrado por la Asamblea General, pero únicamente a recomendación del Consejo de Seguridad. En la práctica, el Consejo es el cuello de botella. Son 15 miembros y, para que un nombre llegue a la Asamblea, debe evitar el veto de cualquiera de los cinco permanentes: Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido. Es un dato simple, pero define la realidad política del cargo: no basta con ser un perfil respetado, también hay que ser aceptable para un tablero de intereses cruzados.
Fechas clave: abril y la segunda mitad de 2026
El ciclo ya tiene hitos públicos. La presidenta de la Asamblea General, Annalena Baerbock, anunció que los diálogos interactivos con candidaturas se realizarán la semana del 20 de abril de 2026 y pidió que las nominaciones se presenten con anticipación, a más tardar el 1 de abril de 2026. Después de esas audiencias, el pulso más determinante suele moverse hacia el Consejo de Seguridad, que concentra sus conversaciones de fondo en la segunda mitad de 2026. Dicho en sencillo: hay una ventana limitada para que las candidaturas consoliden respaldos antes de que el proceso entre en fase de decisiones cerradas.