Con el choque comercial con Ecuador como detonante, el inicio de 2026 encuentra a Colombia administrando varios frentes de tensión en el continente: aranceles, cruces políticos y litigios con eco diplomático. No todos implican rupturas formales, pero sí fricciones que se sienten en comercio, seguridad y coordinación regional.
Ecuador: en furor
El caso más visible es Ecuador. Quito anunció un arancel del 30% a las importaciones desde Colombia, con entrada en vigor el 1 de febrero de 2026, y lo justificó en parte por problemas de cooperación contra economías ilegales en la frontera y por el déficit comercial.
Bogotá respondió con medidas calificadas como proporcionales: arancel del 30% a 20 productos ecuatorianos y suspensión de ventas de electricidad hacia Ecuador. El episodio mezcla dos agendas que suelen ir amarradas: el control territorial en la zona limítrofe (narcotráfico, minería ilegal, grupos armados) y el golpe inmediato a importadores y exportadores.
Perú: normalización cautelosa
Con Perú, la tensión es menos estridente, pero más persistente desde la crisis política de 2022 y los cruces posteriores. En 2025, ambos gobiernos formalizaron una ruta de normalización con hoja de ruta aprobada por vicecancillerías y una declaración conjunta para reactivar mecanismos bilaterales. En 2026, el reto es sostener esa reactivación en lo práctico: frontera amazónica, seguridad y comercio, incluso si el clima político sigue frío.
Estados Unidos: distensión en una alianza con fricciones
La relación con Estados Unidos combina cooperación estructural y choques políticos. En septiembre de 2025, Washington anunció la revocación de la visa del presidente Gustavo Petro, un episodio que elevó la tensión.
A comienzos de 2026 se abrió un giro: Petro y Trump sostuvieron una llamada y se confirmó una visita a la Casa Blanca el 3 de febrero de 2026 para tratar desacuerdos y recomponer agenda, con el tema de drogas entre los puntos centrales. Más que un reinicio, el movimiento apunta a bajar el riesgo de escalamiento en una relación donde cualquier roce termina pesando en la política interna y la economía.